DE LOBOS Y CHACALES

Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán. Proverbios 22:6 NTV

 

El 18 de enero de 2026, Guatemala despertó sacudida por una ola de violencia. Nuestro descanso dominical fue abruptamente interrumpido por la noticia de ataques armados contra estaciones policiales en distintos puntos del país. Según los reportes, estos hechos fueron perpetrados por estructuras criminales con el propósito de intimidar y ejercer presión, buscando frenar iniciativas que amenazaban con despojarlas de poder clandestino y de privilegios que algunos privados de libertad aún conservaban. Privilegios que, durante años, les han permitido extender su influencia, mantener sometida a la nación bajo un imperio de terror y sostenerse mediante la extorsión, el tráfico ilícito y toda clase de actos delictivos.

 

Uno de los principales responsables señalados en los reportes es un individuo conocido como “El Lobo”, a quien se le atribuye un extenso historial de actividades delictivas y vínculos con diversas estructuras criminales, e incluso con esferas de poder que han contribuido a desestabilizar la paz y el orden en nuestra nación. Su influencia es tan nociva que, muchas veces sin que lo percibamos, se extiende a ámbitos que no son evidentes a simple vista. A través de las pandillas, se les arrebata el futuro y las oportunidades a niños y jóvenes, quienes son reclutados mediante falsas promesas de poder y reconocimiento, apartándolos de una vida productiva y de la dignidad que le pertenece a todo ser humano.

 

porque la luz hace todo visible. Por eso se dice: «Despiértate, tú que duermes; levántate de los muertos, y Cristo te dará luz». Efesios 5:14 NTV

Aquella mañana de domingo, el sol brillaba de manera espectacular sobre un cielo intensamente azul. El clima era agradable y los paisajes de Guatemala lucían hermosos; sin embargo, todo ese esplendor se veía empañado por noticias nefastas. Una profunda dicotomía espiritual comenzó a agitarse en mi corazón: no lograba conciliar la majestuosa belleza de nuestra nación con la cruda realidad social en la que vivimos. Ese día no solo despertó mi cuerpo; también se abrieron mis ojos de conciencia. Comprendí que había algo que, como ser humano y ciudadano, no estaba haciendo. Más aún, como creyente en Jesús, reconocí que estaba fallando a los principios que Él estableció y que, muchas veces, incluso me ufano en proclamar.

 

Al que ayuda al pobre no le faltará nada, en cambio, los que cierran sus ojos ante la pobreza serán maldecidos. Proverbios 28:27 NTV

 

Mientras una parvada de pájaros carpinteros se arremolina y gorjea en el patio trasero de nuestra casa —un espectáculo que siempre me provoca regocijo y placer—, algo se retuerce en mis entrañas. Reconozco la pasividad y la indiferencia que, muchas veces, acompañan mi manera de actuar; la incongruencia en la que puede convertirse mi vida cuando reduzco el cristianismo a un mero método de superación personal. Aunque el crecimiento personal forma parte del proceso, ciertamente no es la meta. No se trata de un método para cumplir mis propios sueños, sino de un camino para participar en un sueño mayor.

 

Supónganse que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse y uno de ustedes le dice: «Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien», pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué le sirve? Santiago 2:15-16 NTV

 

Son apenas unos metros los que nos separan de un par de familias que luchan día a día por sobrevivir. Familias que han perdido a sus varones progenitores y, en uno de los casos, también a su hijo mayor. Esta realidad los convierte en blanco fácil: carne de cañón para las pandillas, el perfil ideal para el reclutamiento en estructuras delictivas que ofrecen un falso sentido de pertenencia e identidad a quienes carecen de ambos. Son niños y niñas necesitados de adultos significativos que les hagan saber que existen y que importan. Hijos de Dios que respondamos saliendo de nuestra comodidad e involucrándonos de verdad, más allá de un regalo o una comida esporádica; dejando los actos eventuales para comenzar a compartir con ellos algo mucho más profundo: parte de nuestras vidas.

 

Si alguien tiene suficiente dinero para vivir bien y ve a un hermano en necesidad pero no le muestra compasión, ¿cómo puede estar el amor de Dios en esa persona? 1 Juan 3:17 NTV

 

Oswaldo es uno de los más pequeños. Su cabello lacio y su tez morena reflejan rasgos característicos de muchos guatemaltecos; su voz aguda y su personalidad extrovertida lo hacen fácilmente notorio. Ya tenía una pequeña bicicleta usada, donada por alguien de buen corazón, pero estaba en muy mal estado. Sin un padre que le enseñe el cuidado de los bienes, el destino de aquel vehículo parecía ser la chatarra. Fue entonces cuando decidí involucrarme y ayudarle a repararla. Mientras contaba esta historia a unos amigos, ellos me comentaron que tenían otras dos bicicletas para donar. En ese momento comencé a percibir —casi a sospechar— de Dios y de Sus planes: Él está profundamente interesado en ellos; solo busca manos dispuestas que también lo estén.

 

No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Juan 15:13-14 NTV

 

Mientras regresábamos a casa con los regalos destinados a Susy y Gerson, un pensamiento comenzó a insistir en mi mente: ¿Y si te involucras más? No solo entregando cosas, sino convirtiéndote en custodio de esos bienes; enseñándoles a cuidarlos, acompañándolos en las reparaciones y guiándolos a ahorrar para que, con el tiempo, ellos mismos puedan adquirir los repuestos que necesiten.

Pensé en establecer un sistema de consecuencias: buenos resultados académicos equilibrados con tiempos de recreación, y la renuncia temporal a ellos cuando no se alcancen las metas. De esta manera aprenderían un principio casi olvidado en nuestra cultura: la gratificación diferida, la capacidad de postergar el placer inmediato en favor de un bien mayor. Así comenzarían a desarrollar responsabilidad, dominio propio y el valor del trabajo.

 

Mejor es ser paciente que poderoso; más vale tener control propio que conquistar una ciudad. Proverbios 16:32 NTV

Luego de ser confrontado e incomodado, en un tiempo de oración, percibí este pensamiento de Dios: Ese lobo fue un niño alguna vez; y esos niños, si nadie interviene, podrían convertirse en lobos y chacales en el futuro. ¿Estás dispuesto a renunciar a tus propios sueños por este sueño?

Me quedé sin aliento y con un frío recorriéndome el cuerpo. No sé si tengo lo que se necesita para ir más lejos. Aún mientras escribo estas líneas, ese estremecimiento persiste. Este despertar espiritual ha encendido un fuego dentro de mí; la pregunta ahora es si seré capaz de avivarlo… o si, por comodidad o temor, preferiré extinguirlo.

 

Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti. 30Dirán: “¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!”. »¿O qué rey entraría en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejército de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra él? Y, si no puede, enviará una delegación para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavía esté lejos. Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees. Lucas 14:28-33 NTV

 

ORACIÓN:

Padre, Hace un tiempo hice esta oración que ahora considero peligrosa: gracias por cuidar las necesidades de Tu pueblo. Reconozco que Tú me das todo lo que necesito y que todo lo que tengo te pertenece. Por eso hoy te digo: úsame, y usa también lo que me has confiado, para suplir las necesidades de otros.

Cuando ser generoso resulte incómodo o costoso, ayúdame a mantener un corazón dispuesto a entregar mi tiempo, mis recursos y mis posesiones por amor a los demás. No sé si lo que hoy estoy viviendo es respuesta a aquella oración, pero sí sé que anhelo alinearme a Tu corazón Jesús. Amén.

 

Lily & Ray

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FE DE RATAS

Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida. Proverbios 4:23 NTV

 

Nuestras risas eran un tanto escandalosas y nos callábamos el uno al otro mientras entrábamos. La velada estuvo agradable y parecíamos niños pequeños, que comienzan a reír o llorar cuando tienen sueño. Después de bajar las gradas y llegar al comedor de nuestra casa, escuchamos un ruido extraño que me hizo recordar a las parejas de ardillas que se persiguen cuando están en celo y las hembras atraen a los machos con olores y vocalizaciones, desatando una frenética persecución por árboles y tierra, donde los machos la siguen hasta que ella elige al más rápido y dominante para aparearse.

 

El ambiente de nuestro hogar estaba acogedor y todo muy ordenado, pero ese ruido creó una disrupción de la paz y la alegría que nos embargaba. Una pequeña sombra, que como un destello se movió rápidamente entre los muebles, fue seguida de otra. No sé qué corazones latían más rápido: si los nuestros o los de los dos amantes furtivos que habían escogido nuestra morada como su lecho de amor.

 

Atrapen todos los zorros, esos zorros pequeños, antes de que arruinen el viñedo del amor, ¡porque las vides están en flor! Cantar de los Cantares 2:15 NTV

 

El asco y los nervios sacudieron nuestros cuerpos cuando, ayudados por una lámpara, visualizamos a los dos enormes roedores escondidos en una pequeña rendija, entre la alacena y el muro. Su respiración era rápida y la nuestra se contagió. Comenzamos a pensar qué haríamos para deshacernos de los inesperados visitantes y ninguna de las ideas nos parecía lo suficientemente buena. Hicimos consultas en nuestros dispositivos móviles, pero los consejos no nos daban una solución inmediata.

 

Finalmente, armados de sendas escobas y después de acomodarnos estratégicamente para evitar que salieran de su escondite solo para encontrar otro, logramos que salieran a la carrera, por secciones, hasta que evacuaron nuestra residencia. Cruzamos nuestras miradas y resoplamos aliviados, pero coincidimos en que estábamos vulnerables a que regresaran para ocupar el nido de amor que habían escogido.

 

El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante. Juan 10:10 NTV

 

Así mismo nos pasa con pensamientos que parecen furtivos, pero que, si no tomamos acción, se convierten en residentes permanentes que, al igual que las ratas, contaminan los espacios al dejar excrementos, orina y saliva en alimentos, superficies y agua, transmitiendo bacterias y virus como salmonela y hantavirus; además, portan parásitos (pulgas, garrapatas) y causan daños eléctricos y estructurales al roer cables y materiales, acarreando enfermedades como leptospirosis, peste y fiebre por mordedura de rata, con riesgos de alergias, infecciones y problemas gastrointestinales para los humanos.

 

Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va al desierto en busca de descanso, pero no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a la persona de la cual salí”. De modo que regresa y encuentra su antigua casa vacía, barrida y en orden. Mateo 12:43-44 NTV

 

Lo inquietante de las ratas no es solo su aparición repentina, sino su capacidad de adaptarse, esconderse y regresar si no se sellan las grietas por donde entraron. No hacen ruido todo el tiempo; al contrario, aprenden a moverse en silencio, a salir cuando nadie las ve y a instalarse en lo profundo, donde creemos que todo está seguro. De la misma manera, ciertos pensamientos no llegan de forma estridente ni descarada: se cuelan por rendijas pequeñas —una herida no resuelta, un cansancio acumulado, una conversación mal cerrada— y, si no se les confronta, comienzan a reproducirse en la oscuridad del descuido.

 

Rechazaré las ideas perversas y me mantendré alejado de toda clase de mal. Salmos 101:4 NTV

 

Al principio solo parecen molestias pasajeras, ideas que creemos inofensivas o incluso justificables. Pero con el tiempo roen convicciones, contaminan emociones y deterioran estructuras internas que creíamos firmes. Y así como no basta con espantar a las ratas para resolver el problema, tampoco es suficiente ignorar o maquillar los pensamientos que nos visitan. Es necesario limpiar, reparar, cerrar accesos y mantener vigilancia. Solo entonces la casa —y el corazón— puede volver a ser un espacio habitable, seguro y lleno de la paz que estaba destinada a reinar desde el principio.

 

Dos días después, una mañana cualquiera, al salir rumbo al trabajo, las vi de nuevo. Las ratas habían regresado. Tal como hacen los pensamientos no confrontados: esperan, observan y vuelven a ocupar lo que creen suyo. Esta vez entendimos que espantarlas no era suficiente. Decidimos tomar acciones más profundas: trampas, veneno —uno mezclado con masa de panqueques, otro dispersado— y la determinación de no convivir con aquello que amenaza la vida del hogar.

 

Destruimos todo obstáculo de arrogancia que impide que la gente conozca a Dios. Capturamos los pensamientos rebeldes y enseñamos a las personas a obedecer a Cristo; 2 Corintios 10:5 NTV

 

Días después, un olor fétido reveló lo inevitable. Hubo que buscar, abrir, remover y sacar lo que había muerto escondido. Fue incómodo, desagradable, pero necesario. Solo entonces pudimos sellar los accesos, limpiar a fondo y dejar el lugar mejor que antes. Tal vez de eso se trata la vida espiritual: no solo de barrer la casa, sino de hacer una fe de ratas… una corrección honesta, una fe de erratas del corazón. Nombrar lo que entró, asumir la responsabilidad y decidir, con valentía, qué pensamientos pueden habitar en casa y cuáles deben ser erradicados para que la paz vuelva a reinar.

 

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. Romanos 12:2 NTV

 

Las Ratas no se rinden con facilidad. Tal vez, sin quererlo, nos dan una lección incómoda: la perseverancia no es mala en sí misma; todo depende de hacia dónde está dirigida. Si somos capaces de insistir así para volver a lo que contamina, ¿cuánto más podríamos insistir en volver a lo que da vida? La fe no es ingenua ni pasiva. Aprende, corrige y vuelve a intentarlo. Se fortalece cuando deja de huir y decide avanzar con intención. A veces la fe comienza con una corrección. Por eso, además de vigilar ratas o pensamientos, somos llamados a ajustar la mirada.

 

Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Hebreos 12:2 NTV

 

ORACION:

Padre, reconocemos que muchas cosas que roen entran en nuestras vidas por descuido o a través de las ranuras de heridas antiguas y malos hábitos. Perdona nuestra negligencia y ayúdanos a despojarnos de todo peso y de todo aquello que nos estorba. Concédenos estar alertas para discernir lo que es nocivo y que muchas veces consentimos, permitiendo que nuestra vida se contamine. Espíritu Santo, muéstranos lo que insiste en dar vueltas en nuestros corazones para debilitarnos y arruinarnos, y danos la fuerza y la perseverancia para erradicarlo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Amén.

 

Lily & Ray

 

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VIVIR CUESTA ARRIBA

Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Hebreos 12:1 NTV

 

Con sus flecos de colores en los extremos de los mangos, que parecían las colas de una niña coqueta recién peinada, los frenos recién reparados por mi padre y ese olor a caucho nuevo que emanaban las llantas de cara blanca… Al empujarla, respondía con ese sonido que no es ruido, sino susurro: un clic–clic leve de la rueda libre, mientras la cadena, todavía fría, dejaba escapar un tintineo suave, metálico, casi íntimo, como cucharas chocando en una cocina. Siempre nos delataba y no podíamos sacarla a escondidas.

 

Así era nuestra bicicleta familiar. No era personal; era de uso colectivo: una Vecesa californiana. No era nueva, pero lucía radiante comparada con el esperpento oxidado y rechinante, con llantas de caucho macizo, que ni siquiera tenía asiento. Fue el regalo de unos familiares y a nosotros nos deslumbró desde el primer momento. Así comenzó mi amor por las bicis.

 

A mis 52 años aún encuentro gran deleite en conducirlas, y esa mañana de jueves me transporté al trabajo en la mejor que he montado en mi vida: liviana, veloz y con un sistema de frenado por discos que no tiene parangón. Al empujarla, sentí que no avanzábamos sobre la calle, sino sobre una línea invisible entre lo real y lo sagrado. Había descendido conmigo, había escuchado mi respiración desordenarse y luego encontrar ritmo otra vez.

 

La indisposición de algunos de mis alumnos y la complicación de horarios de otros me forzaron a volver más temprano a casa. Pero, oh sorpresa, había un encargo de mi esposa que debía llevar conmigo, y me percaté de ello segundos antes de salir. Pensé en dejarlo y volver más tarde en auto, pero finalmente me decidí a colocar los 11 kilos de glicerina de jabón en mi mochila táctica. No se sintió incómodo, y me monté para el regreso.

 

He aquí, yo estoy oprimido debajo de vosotros como está oprimida una carreta llena de gavillas. Y la huida le fallará al ligero, y el fuerte no fortalecerá su poder, ni el valiente salvará su vida . El que empuña el arco no resistirá, el ligero de pies no escapará, ni el que monta a caballo salvará su vida . Amós 2:13-15 LBLA

 

La misma ruta, las mismas calles, las mismas subidas y el mismo cuerpo me esperaban para cubrir los 14 kilómetros que me separaban de mi hogar. Aunque al inicio la diferencia fue leve, no fue el mismo esfuerzo. No porque el camino hubiera cambiado, sino porque llevaba peso extra.

 

No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en las piernas ágiles del hombre. El Señor favorece a los que le temen, a los que esperan en su misericordia. Salmo 147:10-11 LBLA

 

Los muslos parecían incendiarse en las subidas. El esfuerzo se incrementó en un 13.5 %, y parecía que estaba practicando entrenamiento con lastre. Aumentó la carga lumbar, y mi cuello y trapecios fueron castigados; incluso se alteró el patrón respiratorio. El camino no fue el problema: era lo que llevaba encima. La fuerza que la gravedad ejercía parecía una ráfaga violenta de viento que me empujaba de regreso.

 

Echa sobre el Señor tu carga , y Él te sustentará; Él nunca permitirá que el justo sea sacudido. Salmo 55:22 LBLA

 

A veces pensamos: “este año está más duro”, “antes no costaba tanto”, “seguro ya no tengo la misma fuerza”. Pero no siempre es el camino. Muchas veces es lo que llevamos encima. En mi caso, la ruta era conocida, las subidas no eran nuevas, la misma mochila. Lo nuevo era la carga. Ese peso que no se ve… pero se siente. Nadie podía notar la diferencia.

 

No hubo alarmas ni advertencias, pero en la subida la respiración cambió, las piernas ardieron antes y el corazón se aceleró. Así pasa con preocupaciones no entregadas, responsabilidades que Dios nunca pidió, culpa vieja, expectativas ajenas, orgullo silencioso y el “yo puedo solo”. No se ven, pero hacen más empinada la subida. Un 13.5 % más todos los días. Ese peso extra no duplicó la ruta, no me detuvo ni me hizo caer; solo hizo todo un poco más difícil.

 

Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana». Mateo 11:29-30 NTV

 

Y ese es el peligro: no es un peso que mata, es un peso que cansa. No hace abandonar la fe, pero sí caminar sin gozo; servir sin descanso; amar sin libertad. Dios no aplaude por sufrir más, ni por llegar cargado, ni por demostrar resistencia espiritual. Ni por subir con peso innecesario. Si la carga no es ligera, probablemente no es Suya.

Detenerse también es fe. Hay momentos santos en el camino cuando decidimos bajar la mochila. No es rendición ni debilidad: es discernimiento. Es decir: “esto ya no lo cargo yo”.

 

echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7 LBLA

 

El viernes siguiente ya no pude montar. El esfuerzo disparó una pequeña crisis: el ácido úrico lo he tenido alto y, sumado al ejercicio intenso, una posible microdeshidratación y mi perfil metabólico, causaron un fuerte dolor en la articulación metatarsofalángica (base del dedo gordo del pie). Ahora me queda hacer una pausa estratégica —sin heroísmos— de 3 a 5 días sin bicicleta ni ejercicio de impacto, ajustar la dieta durante 7 días e hidratarme de forma terapéutica. Una lección aprendida y un descanso necesario.

 

Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Marcos 6:31-32 RVR 1960

 

Mientras reposo, recuerdo el disfrute de los paseos de mi infancia, cuando al volver a casa la empujaba sin prisa, como quien acompaña a alguien que ya hizo suficiente por hoy. La bicicleta respondía como si todavía quisiera avanzar, aunque los pies ya descansaban, y las llantas murmuraban contra el suelo un shhh… shhh… constante, parecido al de una escoba barriendo recuerdos.

 

Cada vuelta parecía decir: aquí seguimos, no se ha acabado. No se quejaba; contaba lo que había visto y el disfrute del camino, sin pesos ni cargas extras. Una carrera que provocó un pequeño jadeo, no de dolor, sino de satisfacción. Como las rodillas de un viejo caminante que sonríe al sentarse, sabiendo que el final está cerca.

 

He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel. Ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de su regreso; y el premio no es solo para mí, sino para todos los que esperan con anhelo su venida. 2 Timoteo 4:7-8 NTV

 

ORACIÓN:

Señor, muéstrame qué peso estoy cargando que Tú nunca pusiste en mis hombros.
Enséñame a caminar ligero, a subir confiado, a soltar lo que no es mío.
Sobre todo, a despojarme del lastre del pecado que me estorba y me impide avanzar en Tu senda. He aprendido Tu camino, sé conducirme y subir montañas de dificultad,
pero necesito quitar todo peso innecesario para correr Tu carrera de la fe. Amén.

 

Ray & Lily

 

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TERMINAL

 'Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. ' Génesis 1:2 RVR1960

 

Tenía la tarea de hacer unas compras y todas las opiniones apuntaban hacia ese lugar, me resistí un poco pero finalmente me decidí para hacer la visita y hacerme de los productos que necesitábamos con mi amada. No quise internarme con el automóvil y lo dejé estacionado en los alrededores, como a unos 300 metros de los márgenes. Moví la cabeza de un lado al otro, de manera rápida, lo que provocó un chasquido en mis vértebras cervicales.

 

El sol brillaba cerca de su cénit y de pronto me vi absorbido por la bastedad y el caótico orden de aquel lugar. Comenzaron a venir recuerdos de infancia, cuando cerca del final de año, acompañábamos a nuestros padres para hacer las compras de la época. Una sobreestimulación de olores que van desde lo aromático de frutas y verduras, pasando por los intensos mariscos y hasta los fétidos que provienen de los sanitarios públicos o de un rincón o esquina convertida en uno de ellos.

 

Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor.  Mateo 9:36 NTV

 

Qué decir de las imágenes e historias implícitas de comerciantes, comensales, compradores. Rostros sonrientes, tristes, cansados y ceños fruncidos. Ancianos, adultos, jóvenes y niños se desplazan en una vorágine de transeúntes. De pronto, el bullicio comenzó a subir como una marea imparable. Gritos anunciando ofertas, motores de buses encendidos, radios a todo volumen y el golpeteo de carretas que se abrían paso entre la multitud. A mi lado pasó un muchacho empujando una carreta cargada de cajas de tomate que amenazaban con derrumbarse; detrás, dos mujeres regateaban el precio de un manojo de hierbabuena mientras un bebé dormía amarrado a la espalda de una de ellas.

 

Cada paso revelaba un nuevo universo. Entre un puesto de repollo y otro de llantas usadas, aparecían pequeñas cantinas donde hombres bebían desde temprano, tratando quizá de olvidar algo… o de recordar. Más allá, una hilera de máquinas traga-monedas iluminaba un rincón oscuro, parpadeando como si intentaran competir con el sol que se filtraba entre los techos improvisados. Personas entraban y salían con la mirada perdida, apostando sus monedas y, tal vez sin saberlo, también fragmentos de esperanza.

 

Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos. Lucas 19:10 NTV

 

El tránsito humano se mezclaba con el tránsito vehicular: buses jadeando, carros pitando, motocicletas serpenteando como si fueran parte natural de la corriente. Bicicletas cargadas de pan, de hielo, de tortillas, de sueños, pasaban rozándome los brazos. Y yo caminando, apenas pudiendo mantener el ritmo de aquella coreografía desordenada donde cada quien lleva prisa y, al mismo tiempo, parece llevar décadas de estar detenido en el mismo sitio.

 

Pasé junto a una calle donde, con miradas rápidas, hombres y mujeres ofrecían su cuerpo a quien estuviera dispuesto a pagar. No había glamour ni misterio; solo una necesidad profunda y un cansancio aún más profundo. La vida se vende, se negocia, se intercambia… como cualquier otro producto de la Terminal. Su suelo, irregular y resbaloso por restos de hielo derretido y escamas de pescado, obligaba a mirar dónde pisar. Y aun así, era imposible no levantar la vista para ver los rostros: cada uno con una historia. Historias que quizá nunca serán contadas, pero que gritan silenciosamente desde sus ojos.

 

Y en medio de ese caos —ese caos vibrante, ruidoso, vivo— me descubrí pequeño. Un visitante más en un universo que funciona con sus propias reglas, donde la vida se abre paso con fuerza, con crudeza… y con una belleza que solo aparece cuando uno se atreve a mirar más profundo.

Mientras avanzaba entre aquel laberinto de voces, colores, olores y caminos que parecían multiplicarse, algo comenzó a inquietarme por dentro. La Terminal no era solo un mercado: era un punto de convergencia, un espacio donde todos —sin importar edad, historia o condición— llegamos porque tenemos necesidades. Unos buscan comida, otros trabajo, otros compañía, otros escape… pero todos buscamos algo.

 

Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús. Filipenses 4:19 NTV

 

Y pensé: así es la vida espiritual también. Todos venimos al Señor con necesidades profundas, aunque cada uno lo haga desde rincones distintos del alma. Y la Terminal, con todo su caos, se convirtió para mí en un recordatorio vivo de esa verdad.

A cada metro que caminaba, me cuestionaba cómo alguien podía orientarse allí. Para mí, todo era confuso, casi abrumador. Cada pasillo parecía igual al anterior; cada giro abría una nueva ruta que podía desviarme. Pero alrededor mío, había personas moviéndose con absoluta naturalidad. Ellos sabían dónde estaban las salidas, conocían atajos, podían encontrar exactamente lo que buscaban sin siquiera detenerse a pensar. Están habituados, pensé. Han aprendido a moverse en ese caos.

 

Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar. Proverbios 3:5-6 NTV

 

Y entonces me golpeó esta idea: quizá así se siente alguien que intenta escuchar la voz de Dios por primera vez. En medio de tantos ruidos del alma —miedos, opiniones, deseos, presiones, dudas— distinguir Su voz puede parecer imposible. Pero quienes han caminado con Él por años pueden reconocer Su susurro entre miles, del mismo modo que un comerciante reconoce el camino entre los pasillos de aquella Terminal.

 

Esto dice el Señor: «Deténganse en el cruce y miren a su alrededor; pregunten por el camino antiguo, el camino justo, y anden en él. Vayan por esa senda y encontrarán descanso para el alma. Pero ustedes responden: “¡No, ese no es el camino que queremos!”. Jeremías 6:16 NTV

 

Para orientarme, tuve que confiar en algo básico: mi sentido de dirección. Hacer rutas en mi mente. Recordar puntos de referencia. Reconocer hacia dónde había venido para saber hacia dónde seguir. Y eso también me habló. Porque en la fe, cuando todo parece confuso, Dios nos llama a lo esencial: a recordar lo que Él ya nos dijo, a volver a los fundamentos, a mirar hacia dónde nos ha traído y hacia dónde quiere guiarnos.

 

Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Juan 10:27 NTV

 

Pero escuchar implica detenerse. Reconocer implica caminar con Él. Seguir implica confiar incluso cuando todo alrededor parece un desorden imposible de navegar. La Terminal me mostró, con crudeza y belleza, que todos somos caminantes en un mundo ruidoso. Y aunque a veces nos sintamos perdidos, confundidos o fuera de lugar, Dios no deja de llamarnos. Su voz no compite con el ruido: lo atraviesa. Él sigue siendo el punto de referencia que no cambia, la salida que siempre conduce a casa.

 

Pasado el terremoto hubo un incendio, pero el Señor no estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro. Cuando Elías lo oyó, se cubrió la cara con su manto, salió y se paró a la entrada de la cueva. Entonces una voz le dijo: —¿Qué haces aquí, Elías? 1 Reyes 19:12-13 NTV

 

ORACIÓN:

Señor, enséñame a reconocer Tu voz aun cuando mi vida se parezca a esta Terminal. En este mundo todos necesitamos orientación, dirección y la certeza de que no caminamos solos. En tu gran amor, no dejes de hablarnos, aunque parezca que no escuchamos, finalmente tu voz traerá el caos al orne, cómo en el principio lo narra tu palabra. Mientras tanto concédenos la gracia de ser alcanzados por tus brazos de amor eterno. Amén.

 

Lily & Ray

https://www.youtube.com/watch?v=YapmXYhkzP0&list=RDYapmXYhkzP0&start_radio=1

 

REMADO EN CÍRCULOS

Enseguida nos dirigimos hacia el desierto por la ruta del mar Rojo, como el Señor me lo había ordenado. Nos llevó mucho tiempo rodear la región montañosa de Seír. Entonces el Señor me dijo: Deuteronomio 2:1-2 NVI

 

El entusiasmo se desbordaba. Era el final de nuestras vacaciones y queríamos aprovechar el tiempo al máximo. Fue una de las ideas que Fernando (mi yerno) sugirió para hacer durante nuestra estancia en Austin. Marchábamos a un ritmo relajado pero constante; fue una caminata de quince minutos hasta llegar al muelle donde arrendaban el equipo necesario para nuestra aventura.

 

El sudor ya escurría por nuestras espaldas, pero los 25 grados centígrados no parecían una amenaza para la excursión. Luego del pago respectivo, procedimos a subir por turnos a nuestros kayaks. Pamela y Fer fueron los primeros en subir, y rápidamente comenzaron a desplazarse. Con mi amada nos abrochamos los chalecos salvavidas y nos embarcamos en la aventura. Nuestros compañeros ya nos llevaban varios metros de ventaja, pero parecía una distancia alcanzable.

 

Fue ahí donde surgió el problema: no lográbamos acortar ni un centímetro la brecha. Entre risas nerviosas —que pronto dieron paso a frustración— nos dimos cuenta de que literalmente estábamos remando en círculos. Por más que intentábamos coordinarnos, la dinámica en nuestra mente no correspondía con el resultado sobre el agua.

 

Mi esposa iba delante y se contorsionaba para verme a los ojos e intentar explicarme el método, como ella lo entendía. Yo continuaba procesando en mi cabeza la mecánica necesaria para avanzar, sin lograr cuadrar mis ideas con la realidad.

 

Fueron varios minutos de lucha. Surgió la duda… y la frase célebre: “Es más fácil hacerlo solo.” Y me pregunté cuántas veces esa frase cruza el corazón en la vida matrimonial. Debimos detenernos un poco para entender la situación y ponernos de acuerdo en qué debía hacer cada uno y en qué momento. Tuvimos que marcar un ritmo, corregir, y comunicarnos activamente todo el tiempo. A duras penas comenzábamos a avanzar cuando, de pronto, un mal movimiento—un remo dentro del agua más tiempo del necesario—nos hacía cambiar de dirección. Descubrimos que bajar la velocidad era una buena decisión. Nos daba tiempo para analizar y corregir. Quizá ya no había vértigo ni emoción, pero al menos avanzábamos hacia la dirección correcta.

 

En nuestra vida conyugal muchas veces ha sido necesario bajar el ritmo para poder escucharnos, el ir demasiado rápido nos ha ocasionado discutir, tomar malas decisiones y herirnos, aunque remábamos fuerte perdimos el rumbo.

 

Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,  Filipenses 2:4-5 NVI

 

Para entonces, nuestras piernas ya parecían "pollo rostizado". El sol del mediodía, el reflejo del agua y el ejercicio mismo hacían subir la temperatura de nuestro cuerpo hasta el tope, y la sed comenzó a aparecer. Menos mal solo rentamos por una hora y no por el día completo. En ese agotamiento físico pensé: “Cuántas parejas están así… cansadas, quemadas, sedientas… no porque les falte amor, sino porque les falta dirección.”

 

Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. Proverbios 3:5-6 NVI

 

En el kayak solo hay dos remos, pero un solo destino. En el matrimonio solo hay dos voluntades, pero un solo pacto. Y la dirección correcta no viene de quién rema más, sino de quién escucha a Cristo. Él es la brújula, su palabra es el mapa y el Espíritu es el viento que impulsa. Cuando ambos deciden remar bajo su dirección, aun el avance más lento es seguro. Aun los desvíos temporales se corrigen. Aun las temporadas de cansancio encuentran descanso. Y esos momentos donde parecían remar en círculos se convierten en aprendizaje, humildad y gracia.

 

Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes. Salmo 127:1 NVI

 

En el matrimonio no se trata de remar más rápido, sino de remar unidos. No se trata de quién tiene la técnica correcta, sino de quién tiene el corazón correcto. No se trata de tener la razón, sino de tener compasión, rendir nuestras voluntades a una mayor, la voluntad de Dios, la voluntad del amor.

 

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1 Corintios 13:4-7 NVI

 

Mientras avanzábamos lentamente en el agua, una verdad golpeó mi corazón: no solo los matrimonios reman en círculos… nuestra relación con Dios también. Hay temporadas donde sentimos que damos vueltas sobre los mismos errores, las mismas oraciones, los mismos tropiezos, los mismos miedos. Pareciera que no avanzamos espiritualmente, como si la vida cristiana fuera una repetición continua en lugar de un caminar hacia la madurez. Israel vivió esto por 40 años. No fue falta de milagros, ni falta de presencia, ni falta de Palabra. Fue falta de dirección interior.

 

Dejen ya de andar rondando por estas montañas y diríjanse al norte. Deuteronomio 2:3 NVI

 

Al igual que en el Kayak, el remo de la dinámica en la relación con Dios tiene dos partes: Obediencia y rendición, si solo usamos un lado giramos en círculos. Dios habla, pero no obedecemos, sabemos qué hacer, pero lo postergamos, hay un firme deseo de avanzar, pero nos aferramos a patrones viejos, a esos surcos mentales que nos conducen a los mismos lugares, lo que se considera locura. Le pedimos dirección, pero remamos según nuestro propio entendimiento, tomando decisiones según nuestras emociones y sentimientos. Estudiamos su palabra, pero la ignoramos en los momentos claves.

 

No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla. Santiago 1:22-25 NVI

 

Por momentos sentimos y hasta acusamos a Dios de estar alejado, pero somos nosotros quienes hemos perdido la sincronía con Él. Nuestra vida devocional se convierte en frustración: oramos, leemos, hablamos con Dios… pero seguimos atorados en lo mismo. No es falta de sinceridad, de amor o deseo sino falta de dirección, alineación y de obediencia concreta.

 

Así como mi esposa y yo tuvimos que bajar el ritmo, detenernos, analizar y corregir, así también necesitamos hacerlo con Dios. Al retomar la sincronía con Su Espíritu, el avance puede seguir siendo lento, pero ahora es firme. El alma deja de girar y comienza a avanzar en línea recta. La madurez espiritual no es la ausencia de desvíos, sino la disposición continua a corregir el rumbo.

 

Por tanto, también nosotros que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Hebreos 12:1-2 NVI

 

Detenernos para escuchar Su voz, bajar el ritmo para examinar nuestro corazón, corregir lo que Él señala con gracia, pero con claridad, ajustar el remo de la obediencia, aunque cueste y permitir que el Espíritu Santo marque la dirección.

 

Entonces el Señor tu Dios te bendecirá con mucha prosperidad en todo el trabajo de tus manos y en el fruto de tu vientre, en las crías de tu ganado y en las cosechas de tus campos. El Señor se complacerá de nuevo en tu bienestar, así como se deleitó en la prosperidad de tus antepasados; siempre y cuando obedezcas al Señor tu Dios y cumplas sus mandamientos y estatutos, escritos en este libro de la Ley, y te vuelvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Deuteronomio 30:9-10 NVI

 

ORACIÓN:

Señor Jesús, gracias por el privilegio de conocerte y porque en tu gracia encontramos dirección cuando nuestra vida gira en círculos. Para los que tenemos el privilegio del matrimonio, gracias por la persona que pusiste a nuestro lado. Ayúdanos a remar contigo y en todas nuestras relaciones con unidad, paciencia y obediencia. Corrige nuestro rumbo, fortalece nuestra comunicación y alinea nuestro corazón al tuyo. Que nuestra relación contigo sea el parámetro con que avancen toda nuestra vida y relaciones. Amén.

 

Lily & Ray

https://www.youtube.com/watch?v=Sof-lS5TYrk&list=RDSof-lS5TYrk&start_radio=1 

INFLUENCERS


¿Acaso no saben ustedes que cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia. Romanos 6:16 NVI

 

“Tienes razón de estar molesto” —me decía con insistencia, mientras enumeraba multitud de justificaciones que, a decir verdad, eran razonables. Tenía un caso sólido y bien argumentado, listo para presentarse delante de cualquier juez. Había pensado en detalles, posibles preguntas y sus respectivas respuestas; no había forma de que perdiera el debate, y el veredicto me sería favorable. Ganaría el juicio de tener la razón. Una sonrisa sarcástica y altanera me surgió en el rostro.

 

«¿Quién es este, que oscurece mi consejo con palabras carentes de sentido? Prepárate a hacerme frente; yo voy a interrogarte y tú me responderás. Job 38:2-3 NVI

 

Claro está, el juez a quien le pedía consejo era yo mismo. Me estaba autoengañando, pues el sabor amargo en mi boca y las entrañas retorcidas no se apaciguaban con nada de esto. Al igual que la historia de Job —que pasa treinta y siete capítulos argumentando su propia justicia—, también yo descubrí que mis palabras carecían de sentido hasta que vino la respuesta de Dios.

 

Me quedé callado, sin discurso. Él es la persona más influyente en mi vida. Desde que le conocí, progresivamente me he rendido a su verdad. Aunque aún hay áreas en mí no conquistadas, y ataques subversivos de otras voces, finalmente he llegado al convencimiento de que este poder superior es el único capaz de devolverme el sano juicio y dominar cualquier defecto de carácter, adicción o compulsión con la que luche. Mi influencer predominante: el Espíritu Santo.

 

¡Gálatas torpes! ¿Quién los ha hechizado a ustedes, ante quienes Jesucristo crucificado ha sido presentado tan claramente? Solo quiero que me respondan a esto: ¿Recibieron el Espíritu por las obras que demanda la Ley o por la fe con que aceptaron el mensaje? ¿Tan torpes son? Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos? Gálatas 3:1-3 NVI

 

Me doy cuenta de que muchas veces mi peor influencia no viene de fuera, sino de dentro. Pero hay otros momentos en que las voces externas comienzan a ganar terreno: esas que parecen inofensivas, pero poco a poco van moldeando nuestra manera de pensar, de sentir y de creer. Así le pasó a Demas, uno de los compañeros de Pablo. Al principio siguió el camino correcto, pero más tarde eligió otra voz.

 

Demas, por amor a este mundo, me ha abandonado y se ha ido a Tesalónica. 2 Timoteo 4:10 NVI

 

Demas comenzó bien. Sirvió al lado de un apóstol, escuchó verdades profundas, fue testigo del poder de Dios. Pero algo cambió. Tal vez no fue una caída repentina, sino un desliz lento, una voz que decía “Ya hiciste suficiente” “También tienes derecho a disfrutar” “Puedes servir a Dios sin tanto sacrificio” Y así, sin darse cuenta, Demas empezó a obedecer otra voz. Porque eso es lo que realmente significa seguir una influencia.

 

Los que viven conforme a la carne fijan la mente en los deseos de la carne; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mente gobernada por la carne es muerte, mientras que la mente que proviene del Espíritu es vida y paz. Romanos 8:5-6 NVI

 

Entre quienes pueden influir mi vida y decisiones están la voz interior de la autojustificación, las motivaciones personales o egoístas, e incluso mis heridas no sanadas del pasado. También las voces externas de personas, medios de comunicación o redes sociales (como Demas, seducido por el mundo). Al ceder ante estas voces dejamos que surja el impostor —el falso yo— y tome el timón de nuestra vida. O podemos elegir escuchar la voz divina, la del Espíritu Santo, como el verdadero influencer, y así cumplir el propósito para el que fuimos diseñados.

 

Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Romanos 8:13-14 NVI

 

Después de varios días de esa lucha interna e incomodidad —que afectaba mi entorno y mis actividades—, las alertas comenzaron a levantarse. Una irritación perenne estaba estorbando la paz. Incluso mi cuerpo comenzó a resentirlo. Mi esposa hizo las preguntas incómodas sobre lo que me estaba ocurriendo, y eso me hizo volverme a Dios y recurrir a su fuente de tierna sabiduría.

 

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación o la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada? Romanos 8:35 NVI

 

Finalmente, mis maquinaciones fueron desplomadas ante la verdad de Dios. No puedo tener nada en contra de nadie ni retener el perdón, pues se me ha perdonado mucho… demasiado. Me siento avergonzado y con ganas de esconderme, como lo hizo Adán en el Edén, pero después de haber caminado a su lado, conocer sus puras motivaciones y su inmensa misericordia, elijo correr hacia Él y a su amor inmensurable.

 

Así alumbre su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y glorifiquen al Padre que está en el cielo. Mateo 5:16 NVI

 

Me doy cuenta de que siempre soy proclive a ser influenciado por quienes me rodean. A veces, sin notarlo, adopto los vocablos particulares de mi amada o termino disfrutando los platillos que antes no me llamaban la atención. Es natural: fuimos diseñados para reflejar, para mimetizar, para multiplicar lo que contemplamos. Pero también soy influencia. Cada palabra, cada reacción, cada silencio deja una huella en alguien más. Por eso me detengo a pensar: ¿qué tipo de influencia estoy siendo? ¿Reflejo la voz del Espíritu que me transforma, o la de mis viejas formas que aún quieren imponerse? Quisiera ser como esos primeros discípulos, de quienes se decía que “trastornaron el mundo”, no por su poder ni su fama, sino porque llevaban dentro al verdadero Influencer: Cristo mismo.

 

Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y dices palabras valiosas, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos. Jeremías 15:19 NVI

 

ORACIÓN:

Padre, después de conocerte y haber caminado contigo, qué bochornoso es reconocer que trato de encontrar mi propia justicia con argumentos. Pero qué bello es saber que aún estás ahí, dispuesto a restaurar y corregir el rumbo con tu dulce voz. Quiero que seas la única influencia en mi vida y así evitar caer en mis caminos en el futuro. Espíritu Santo, no te alejes; aunque me incomode, mantente cerca para ayudarme a vivir una vida que honre a Jesús y el sacrificio que hizo por mí. Amén.

 

Lily & Ray

https://www.youtube.com/watch?v=Nfhr-neS798&list=RDNfhr-neS798&start_radio=1 

LA CAIDA DE LILY

Si ustedes piensan que están firmes, tengan cuidado de no caer. 1 Corintios 10:12 NTV

 

Todo el viaje ha sido un continuo enfrentamiento con derroteros que nos desafiaron a vencer experiencias pasadas —muchas negativas y otras relacionadas con habilidades empolvadas— que tuvieron que abrirse paso en la memoria y la práctica. También nos encontramos ante situaciones nunca vividas, las cuales desafiaron nuestra capacidad cognitiva y de resolución de problemas.

 

Así fuimos sorteando cada situación, con la alegría y adrenalina que representa una aventura. Desde atracciones extremas, conducir en un territorio desconocido y enfrentarnos a pasos migratorios con agentes que no hablaban nuestro idioma materno. En cada una experimentamos el aumento del ritmo cardíaco y un subidón en los niveles de cortisol en nuestro cerebro.

 

Esa mañana era relajada. Nos disponíamos a conocer la metrópoli, y el plan era hacer el recorrido en las bicicletas del transporte público de la ciudad. Descargamos las aplicaciones e hicimos el desembolso correspondiente, sorteando la dificultad que significó cambiar la región de nuestros teléfonos móviles para que aceptaran los métodos de pago, sin que eso nos hiciera perder el entusiasmo.

 

¡Todo listo! Asiento ajustado, vehículo encendido y a pedalear. Yo era el último de los cuatro, para poder monitorear a mi amada Ileana, quien con una risa nerviosa avanzaba, aprovechando el sistema de pedaleo asistido que le apoyaba en el desafío. Fernando guiaba la caravana y Pamela se desplazaba, por momentos, hacia atrás para grabar el video que haría memorable el momento.

 

De pronto, Fernando se detuvo súbitamente, y mi esposa iba justo en dirección a él. Una cosa es pedalear y avanzar; otra muy distinta es frenar y mantener el control. Como pudo, puso los pies al suelo y accionó, a medias, los frenos, evitando chocar, aunque no logró evitar caer de lado sobre un pequeño montículo.

 

Siete veces cae el justo y vuelve a levantarse, pero los impíos tropiezan en el mal. Proverbios 24:16 RVR1960

 

El proverbio ruso vino inmediatamente a mi memoria: “Caer está permitido, levantarse es obligatorio”. Rompiendo la fuerza que la vergüenza ejerce, Lily (como nos gusta llamarla) se levantó. Asegurándonos de que no fuera grave, hicimos el recuento de los daños, analizamos las causas y, de nuevo, volvimos a las andadas.

 

Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante. Gálatas 6:1-3 NTV

 

En los programas de 12 pasos (como AA, NA, Celebremos la Vida, entre otros), se reconoce que la recuperación es un proceso progresivo, no un evento. Por eso se dice que “las recaídas son parte de la enfermedad, no de la recuperación”. Sin embargo, pueden ser parte del camino que Dios usa para sanar, si la persona aprende de ellas, rinde cuentas y vuelve a levantarse.

 

Si ustedes piensan que están firmes, tengan cuidado de no caer. Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir. 1 Corintios 10:12-13 NTV

 

Muchos en recuperación experimentan recaídas —caídas emocionales, espirituales o conductuales— en su proceso. Estas pueden servir para exponer áreas no rendidas o fortalecer la humildad y dependencia de Dios. Lo que no es cierto es que una recaída sea necesaria o inevitable. No todos tienen que caer para aprender. Dios puede mantenernos firmes si somos honestos, rendidos y acompañados.

 

Estén alerta, manténganse firmes en la fe; sean valientes y fuertes. 1 Corintios 16:13 NTV

 

Una persona puede tener una recuperación sólida sin haber recaído desde su entrega inicial. Eso no la hace “mejor” espiritualmente, pero sí muestra que ha aprendido a vivir en vigilancia, rendición y dependencia. De hecho, los programas de 12 pasos no glorifican la recaída, sino la rendición continua.

 

Porque Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13 RVR1960

 

La buena recuperación no se mide por cuántas veces caes y te levantas, sino por cuán dispuesto estás a mantenerte honesto, conectado y rendido a Dios.

 

Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, Él les mostrará una salida para que puedan resistir. 1 Corintios 10:13 NTV

 

CORRE Y VA DE NUEVO

Nuestro recorrido nos llevó al centro de la ciudad, donde la tienda Old Bakery & Emporium y el Capitolio de Texas. Durante el recorrido de este último, vimos la historia de este estado singular, marcada por múltiples dominios y transformaciones. Texas ha ondeado bajo seis banderas distintas: la española, la francesa, la mexicana, la de la República de Texas, la confederada y la de los Estados Unidos. Cada cambio representó una caída y un renacer, un proceso de redefinición entre el poder, la independencia y la identidad. Lo que hoy es símbolo de fortaleza fue, en su momento, territorio disputado, fragmentado y reconquistado.

 

Así también sucede en nuestra historia personal. Hay épocas en que nuestra bandera espiritual cambia de manos: de la autosuficiencia al orgullo, del control al miedo, de la dependencia emocional a la rendición. Cada caída nos recuerda que la soberanía de nuestra vida solo le pertenece a Dios. Él permite que, tras nuestras batallas internas, aprendamos a dejar de pelear por gobernarnos y a reconocerlo como nuestro verdadero Rey.

 

Yo sanaré su rebelión y los amaré de pura gracia, porque mi ira se apartó de ellos. Oseas 14:4 RVR1960

 

Después de eso, el hambre comenzó a apretar y la caravana nos aprestamos a movernos hasta un lugar de barbacoa. En la ruta, hubo otra pequeña caída, cerca de una alcantarilla, donde un grupo de indigentes fueron los entusiastas porristas que animaron a Lily para levantarse y continuar.

Ciertamente hubo algunos moretones y raspones, pero finalmente llegamos a nuestro destino.

 

Pero él me dijo: ‘Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad’. Por eso, con mucho gusto, habré de gloriarme más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9 NVI

 

En palabras del paso 10:

“Continuamos haciendo nuestro inventario personal y, cuando nos equivocábamos, lo admitíamos inmediatamente.”

El objetivo no es no caer nunca, sino reconocer rápido cuando tropezamos y volver al camino con humildad. Junto a mi esposa hemos experimentado este principio, y aunque no hemos estado exentos de caídas, al reconocer la anatomía de estas y las rutas que nos llevaron a ellas, hemos logrado corregir y depender de la gracia de Dios para levantarnos y continuar.

 

El Señor sostiene a los que caen y levanta a los que están agobiados. Salmo 145:14 NVI

 

ORACIÓN:

Padre, agradecemos profundamente que te has mantenido cerca. Y aunque quisiéramos una trayectoria impecable, sin caídas, desde que te conocimos, nuestra necedad e insistencia en hacer las cosas a nuestro modo nos han llevado a estrellarnos contra el piso de nuestro orgullo. Pero ahí has estado, levantando los pedazos y reconstruyendo tu obra en nosotros. Lamentamos el daño que causamos con cada caída; solo tu gracia nos ha podido sacar adelante. Amén.

 

Lily & Ray

 

https://www.youtube.com/watch?v=FRUVz1ntIeQ&list=RDFRUVz1ntIeQ&start_radio=1