FE DE RATAS

Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida. Proverbios 4:23 NTV

 

Nuestras risas eran un tanto escandalosas y nos callábamos el uno al otro mientras entrábamos. La velada estuvo agradable y parecíamos niños pequeños, que comienzan a reír o llorar cuando tienen sueño. Después de bajar las gradas y llegar al comedor de nuestra casa, escuchamos un ruido extraño que me hizo recordar a las parejas de ardillas que se persiguen cuando están en celo y las hembras atraen a los machos con olores y vocalizaciones, desatando una frenética persecución por árboles y tierra, donde los machos la siguen hasta que ella elige al más rápido y dominante para aparearse.

 

El ambiente de nuestro hogar estaba acogedor y todo muy ordenado, pero ese ruido creó una disrupción de la paz y la alegría que nos embargaba. Una pequeña sombra, que como un destello se movió rápidamente entre los muebles, fue seguida de otra. No sé qué corazones latían más rápido: si los nuestros o los de los dos amantes furtivos que habían escogido nuestra morada como su lecho de amor.

 

Atrapen todos los zorros, esos zorros pequeños, antes de que arruinen el viñedo del amor, ¡porque las vides están en flor! Cantar de los Cantares 2:15 NTV

 

El asco y los nervios sacudieron nuestros cuerpos cuando, ayudados por una lámpara, visualizamos a los dos enormes roedores escondidos en una pequeña rendija, entre la alacena y el muro. Su respiración era rápida y la nuestra se contagió. Comenzamos a pensar qué haríamos para deshacernos de los inesperados visitantes y ninguna de las ideas nos parecía lo suficientemente buena. Hicimos consultas en nuestros dispositivos móviles, pero los consejos no nos daban una solución inmediata.

 

Finalmente, armados de sendas escobas y después de acomodarnos estratégicamente para evitar que salieran de su escondite solo para encontrar otro, logramos que salieran a la carrera, por secciones, hasta que evacuaron nuestra residencia. Cruzamos nuestras miradas y resoplamos aliviados, pero coincidimos en que estábamos vulnerables a que regresaran para ocupar el nido de amor que habían escogido.

 

El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante. Juan 10:10 NTV

 

Así mismo nos pasa con pensamientos que parecen furtivos, pero que, si no tomamos acción, se convierten en residentes permanentes que, al igual que las ratas, contaminan los espacios al dejar excrementos, orina y saliva en alimentos, superficies y agua, transmitiendo bacterias y virus como salmonela y hantavirus; además, portan parásitos (pulgas, garrapatas) y causan daños eléctricos y estructurales al roer cables y materiales, acarreando enfermedades como leptospirosis, peste y fiebre por mordedura de rata, con riesgos de alergias, infecciones y problemas gastrointestinales para los humanos.

 

Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va al desierto en busca de descanso, pero no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a la persona de la cual salí”. De modo que regresa y encuentra su antigua casa vacía, barrida y en orden. Mateo 12:43-44 NTV

 

Lo inquietante de las ratas no es solo su aparición repentina, sino su capacidad de adaptarse, esconderse y regresar si no se sellan las grietas por donde entraron. No hacen ruido todo el tiempo; al contrario, aprenden a moverse en silencio, a salir cuando nadie las ve y a instalarse en lo profundo, donde creemos que todo está seguro. De la misma manera, ciertos pensamientos no llegan de forma estridente ni descarada: se cuelan por rendijas pequeñas —una herida no resuelta, un cansancio acumulado, una conversación mal cerrada— y, si no se les confronta, comienzan a reproducirse en la oscuridad del descuido.

 

Rechazaré las ideas perversas y me mantendré alejado de toda clase de mal. Salmos 101:4 NTV

 

Al principio solo parecen molestias pasajeras, ideas que creemos inofensivas o incluso justificables. Pero con el tiempo roen convicciones, contaminan emociones y deterioran estructuras internas que creíamos firmes. Y así como no basta con espantar a las ratas para resolver el problema, tampoco es suficiente ignorar o maquillar los pensamientos que nos visitan. Es necesario limpiar, reparar, cerrar accesos y mantener vigilancia. Solo entonces la casa —y el corazón— puede volver a ser un espacio habitable, seguro y lleno de la paz que estaba destinada a reinar desde el principio.

 

Dos días después, una mañana cualquiera, al salir rumbo al trabajo, las vi de nuevo. Las ratas habían regresado. Tal como hacen los pensamientos no confrontados: esperan, observan y vuelven a ocupar lo que creen suyo. Esta vez entendimos que espantarlas no era suficiente. Decidimos tomar acciones más profundas: trampas, veneno —uno mezclado con masa de panqueques, otro dispersado— y la determinación de no convivir con aquello que amenaza la vida del hogar.

 

Destruimos todo obstáculo de arrogancia que impide que la gente conozca a Dios. Capturamos los pensamientos rebeldes y enseñamos a las personas a obedecer a Cristo; 2 Corintios 10:5 NTV

 

Días después, un olor fétido reveló lo inevitable. Hubo que buscar, abrir, remover y sacar lo que había muerto escondido. Fue incómodo, desagradable, pero necesario. Solo entonces pudimos sellar los accesos, limpiar a fondo y dejar el lugar mejor que antes. Tal vez de eso se trata la vida espiritual: no solo de barrer la casa, sino de hacer una fe de ratas… una corrección honesta, una fe de erratas del corazón. Nombrar lo que entró, asumir la responsabilidad y decidir, con valentía, qué pensamientos pueden habitar en casa y cuáles deben ser erradicados para que la paz vuelva a reinar.

 

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. Romanos 12:2 NTV

 

Las Ratas no se rinden con facilidad. Tal vez, sin quererlo, nos dan una lección incómoda: la perseverancia no es mala en sí misma; todo depende de hacia dónde está dirigida. Si somos capaces de insistir así para volver a lo que contamina, ¿cuánto más podríamos insistir en volver a lo que da vida? La fe no es ingenua ni pasiva. Aprende, corrige y vuelve a intentarlo. Se fortalece cuando deja de huir y decide avanzar con intención. A veces la fe comienza con una corrección. Por eso, además de vigilar ratas o pensamientos, somos llamados a ajustar la mirada.

 

Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Hebreos 12:2 NTV

 

ORACION:

Padre, reconocemos que muchas cosas que roen entran en nuestras vidas por descuido o a través de las ranuras de heridas antiguas y malos hábitos. Perdona nuestra negligencia y ayúdanos a despojarnos de todo peso y de todo aquello que nos estorba. Concédenos estar alertas para discernir lo que es nocivo y que muchas veces consentimos, permitiendo que nuestra vida se contamine. Espíritu Santo, muéstranos lo que insiste en dar vueltas en nuestros corazones para debilitarnos y arruinarnos, y danos la fuerza y la perseverancia para erradicarlo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Amén.

 

Lily & Ray

 

https://www.youtube.com/watch?v=YguEjd2-G0w&list=RDYguEjd2-G0w&start_radio=1 

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