Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Eclesiastés 3:11 NVI
Me despierto mientras la luz del día ya invadió toda la
habitación, eso no suele ocurrir en mi cotidianidad ya que, por lo general, me
despierto, levanto y salgo al trabajo, antes que el astro rey comience a iluminar.
Entonces recuerdo un compromiso que tengo para cada miércoles por la mañana y
pienso que ya voy tarde, pero luego también recuerdo que estamos, por unos días,
viviendo dos horas adelante.
Mientras escribo estas líneas, nos encontramos en
Philadelphia, donde el reloj corre dos horas antes que en Guatemala. Es curioso
cómo un simple cambio de horario nos hace pensar diferente acerca del tiempo.
¿Qué haríamos si realmente pudiéramos vivir dos horas adelante? ¿Qué
cambiaríamos si nos regalaran dos horas más cada día? O, quizá la pregunta más
tentadora, ¿qué haríamos si pudiéramos regresar dos horas y corregir alguna
decisión, evitar una conversación o aprovechar una oportunidad perdida?
Ayer, mientras mi amada Ileana y yo conducíamos por la
ciudad haciendo algunas compras, siguiendo una ruta que habíamos diseñado con
la ayuda de ChatGPT, vivimos un momento que nos sobresaltó. De pronto, mi reloj
comenzó a sonar. Al mismo tiempo, sonó mi teléfono y el de ella. Por un
instante pensé que se trataba de alguna emergencia familiar, y como el
dispositivo estaba conectado con el radio del auto, también pensamos en un
desperfecto del mismo o una violación a una regla de tránsito.
Entonces apareció el mensaje: una alerta meteorológica
advirtiéndonos sobre una tormenta que podría provocar inundaciones repentinas
en el área de Philadelphia. Por unos segundos, el tiempo pareció detenerse.
Inmediatamente pensamos dónde estábamos, cuánto faltaba para llegar, qué
caminos debíamos evitar y si nos daría tiempo para recoger a nuestra hija
Abigail y luego regresar a casa.
Me llamó la atención cómo una pequeña alarma fue suficiente
para recordarme que el tiempo gobierna buena parte de nuestras vidas. Vivimos
pendientes de él. Nos preocupamos por llegar a tiempo, por no perder el tiempo,
por recuperar el tiempo perdido o por adelantarnos al futuro. Sin embargo, Dios
tiene una relación muy distinta con el tiempo. Nosotros vivimos dentro del
tiempo. Dios vive sobre él.
―Quiten la piedra —ordenó Jesús. Marta, la hermana del
difunto, objetó: ―Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí. Juan
11:39 NVI
Cuando Jesús recibió la noticia de que Lázaro estaba
enfermo, no salió corriendo hacia Betania. Permaneció todavía dos días donde
estaba. Cuando finalmente llegó, llevaba cuatro días muerto (Juan 11). Para
Marta, Jesús había llegado tarde. "Señor, si hubieses estado aquí, mi
hermano no habría muerto". Cuántas veces nosotros también hemos
pronunciado esas palabras, aunque sea en silencio. "Señor, si hubieras
llegado antes" "Si hubieras abierto esa puerta" "Si
hubieras respondido mi oración hace unos meses"
Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un
día es como mil años y mil años, como un día. El Señor no tarda en cumplir su
promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con
ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. 2
Pedro 3:8-9 NVI
Confieso que el "hubiera" me visita más veces de
las que quisiera admitir. Hubiera tomado otra decisión, hubiera hablado menos o
más, hubiera aprovechado mejor algunas oportunidades o evitado ciertos errores.
En ocasiones me descubro intentando negociar con el pasado y olvidando que Dios
jamás ha perdido el control de mi historia. Lo que para mí son oportunidades
perdidas, para Él siguen siendo páginas inconclusas.
Cuatro días tarde para nosotros no significa cuatro días
tarde para Dios. Jesús no llegó tarde. Llegó exactamente cuando el propósito
del Padre sería más evidente. Mientras todos veían una tumba cerrada, Jesús
veía una oportunidad para manifestar la gloria de Dios. Lo que nosotros
llamamos demora, muchas veces Dios lo llama preparación.
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del
Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando
con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Santiago 5:7 RVR1960
La Escritura también habla de la lluvia temprana y la lluvia
tardía. (Santiago 5:7). Ambas llegan en el tiempo señalado por Dios. Ni antes
ni después. La tierra no las controla. El agricultor no puede adelantarlas ni
retrasarlas. Solo puede permanecer fiel mientras espera. Porque hay cosas que
no pueden esperar las circunstancias ideales. El amor no espera el momento
perfecto. El perdón no debería postergarse. La obediencia no debería depender
de que todo esté acomodado a nuestro favor.
La vida con Dios es aprender a caminar entre dos verbos:
esperar y obedecer. Hay ocasiones en las que Dios nos pide permanecer quietos,
y otras en las que nos pide levantarnos y caminar. La sabiduría consiste en
discernir cuál de las dos estamos viviendo. Anoche, mientras conversábamos
sobre lo que haremos mañana, no pude evitar preguntarme si realmente ha sido
Dios quien ha puesto esta carga en nuestro corazón o si solamente ha nacido en
nuestros pensamientos. Confieso que hay temor. No por nuestra vida, pues hace
mucho entendimos que no nos pertenece, sino por el peso de querer caminar en la
voluntad de Dios y no en nuestros propios impulsos.
que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de
tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2 Timoteo
4:2 RVR1960
Junto a mi amada Ileana oramos pidiéndole al Señor mor para
mirar como Él mira, compasión para amar como Él ama, valor para obedecer lo que
nos pida, misericordia para quienes encontraremos en el camino y Su protección
para nuestras vidas. Quizá eso es también predicar "a tiempo y fuera de
tiempo": no solamente abrir nuestros labios cuando las circunstancias son
favorables, sino estar disponibles cuando Dios inquieta nuestro corazón, aun
cuando no tenemos todas las respuestas. Y si mañana descubrimos que el mayor
milagro era transformar nuestro propio corazón, habrá valido la pena haber
obedecido.
Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu
padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Ester
4:14 RVR1960
Quizá algunos estamos desesperados porque creemos que Dios
se ha retrasado. Otros vivimos angustiados intentando correr delante de Él.
Pero la eternidad nos recuerda que nuestra historia no está siendo escrita por
el reloj, sino por las manos del Padre. Pensándolo bien, vivir dos horas
adelante no es ninguna ventaja si caminamos delante de Dios. Y regresar dos
horas tampoco serviría de mucho si seguimos tomando las mismas decisiones lejos
de Su voluntad. Nuestra verdadera esperanza no es tener más tiempo, sino
pertenecer al Dios eterno.
Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un
espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta,
pero entonces conoceré tal y como soy conocido. 1 Corintios 13:12 NVI
Un día llegaremos al lugar donde ya no habrá calendarios que
cumplir ni relojes que consultar. La eternidad será nuestra realidad y el
tiempo habrá dejado de ser nuestro amo para convertirse únicamente en un
recuerdo de la gracia de Dios sosteniéndonos un día a la vez.
Mientras ese día llega, algunos tendremos que esperar cuatro
días junto a una tumba cerrada; otros seremos llamados a predicar a tiempo y
fuera de tiempo; algunos veremos la lluvia tardar un poco más de lo esperado, y
otros descubriremos que hemos llegado al reino precisamente para esta hora.
Pero todos tendremos que aprender la misma lección: nuestro reloj no gobierna
nuestras vidas, Dios sí.
Quizá vivir dos horas adelante no sea ninguna ventaja. Y
quizá tampoco necesitemos regresar dos horas para corregir nuestra historia.
Nos basta con caminar tomados de la mano de Aquel que habita la eternidad.
Porque Dios nunca llega tarde. Él siempre está a tiempo, aunque nuestro reloj
diga lo contrario.
lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente.
Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor
Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos. Apocalipsis 22:4-5
NVI
ORACIÓN:
Padre, como quisiera ver con tus ojos, amar con tu corazón y
vivir en tu tiempo. Mientras espero ese día, permíteme vivir confiado en ti tomando
decisiones de acuerdo con tu voluntad, ayúdame a conocerla y dame la fuerza y
el valor para cumplirla cada día, sabiendo que el tiempo no es un factor para ti,
estás por encima de él, porque existes antes de él y permanecerás después de él.
Amén.
Lily & Ray
https://www.youtube.com/watch?v=WLQx8kydDgg&list=RDWLQx8kydDgg&start_radio=1

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