Tal y como me lo ordenó, profeticé. Y, mientras profetizaba, se escuchó un ruido que sacudió la tierra, y los huesos comenzaron a unirse entre sí. Yo me fijé y vi que en ellos aparecían tendones, les salía carne y se recubrían de piel. ¡Pero no había espíritu en ellos! Ezequiel 37:7-8 NVI
El martes por la mañana mientras daba su clase de movilidad
a mi amigo Nico, surgió un tema, una conversación, como nos suele ocurrir a
menudo y esta vez terminamos hablando de algo bastante extraño: el hígado.
La charla comenzó porque una semana antes había hecho una
rutina intensa de pesas. Durante varios días no podía extender completamente
los brazos. Cada movimiento le recordaba que los músculos habían sido llevados
más allá de lo acostumbrado, incluso, trabajamos esos días para mejorar el
estado de sus brazos principalmente y pue paulatina, pero progresiva su
mejoría. Sin embargo, una semana después estaba prácticamente recuperado.
Mientras comentábamos la extraordinaria capacidad que tiene
el cuerpo para repararse, Nico hizo una observación que voy a parafrasear:
—Somos un diseño imperfecto. Si no fuera así, deberíamos poder regenerarnos
completamente. Piénsalo, Ray, por qué solo el hígado tiene esa capacidad de
regenerarse completamente.
La frase quedó dando vueltas en mi cabeza durante el resto
de la mañana. Cuanto más pensaba en ello, más convencido estaba de que el
problema no era la palabra "regeneración", sino la palabra
"imperfecto". La Biblia nunca presenta al ser humano como una
creación defectuosa. Todo lo contrario. Después de terminar Su obra, Dios
declaró que era "buena en gran manera". No somos un diseño
imperfecto. Somos un diseño dañado.
Resulta fascinante que el hígado sea capaz de regenerar gran
parte de sí mismo. Como si dentro de un mundo que se deteriora todavía quedaran
pequeñas huellas de lo que alguna vez fue. Porque la enfermedad, el
envejecimiento, el dolor de espalda, las arrugas, la pérdida de memoria y la
muerte no formaban parte del diseño original. Son intrusos. Son consecuencias
de la caída.
Cada vez que una herida sana, que un hueso consolida o que
un músculo se recupera, nuestro cuerpo parece susurrar una verdad olvidada:
fuimos creados para algo mejor que esto. Estamos viviendo con consecuencias que
no nos permiten disfrutar toda la capacidad con la que fuimos pensados.
Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si
tuviera dolores de parto. Romanos 8:22 NVI
Cuando era joven y veía la serie animada y luego las
películas de X-Men, siempre me llamó la atención Wolverine. Logan tenía una
personalidad única y en medio de su carácter tosco, hosco y propenso a los
arrebatos violentos, escondía un profundo código de honor, compasión y un
fuerte instinto protector.
Pero quizá lo que más me atraía era esa idea nostálgica de
un edén perdido, lo herían y sanaba, lo cortaban y se regeneraba, parecía
invencible. Tal vez el éxito del personaje no estaba en sus garras, estaba en
que representaba algo que todos deseamos. No queremos morir, ni deteriorarnos. No
queremos despedirnos, ni que nuestros padres envejezcan. No queremos que
nuestros hijos sufran. No queremos que el cáncer gane. No queremos que el
tiempo tenga la última palabra. Porque fuimos diseñados para otra cosa.
Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la
mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a
comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Eclesiastés 3:11 NVI
Hace años mi amigo Gustavo terminó hospitalizado. Mientras
hacíamos evangelismo callejero en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala,
acompañamos al Hospital San Juan de Dios a un hombre enfermo que deambulaba por
las calles. No imaginamos que también mi amigo se quedaría internado, pues lo
que parecía un dolor en el estómago de Gustavo, más tarde terminó revelando un
problema serio en el hígado. Los médicos tuvieron que intervenir y La
recuperación fue larga. Y cuando todo terminó quedó una cicatriz, una marca
permanente. El recuerdo visible de una batalla invisible.
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era
bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Génesis1:31 RVR1960
Pensé en eso mientras recordaba la conversación con Nico. Quizá
nuestros cuerpos están llenos de cicatrices del mismo tipo. No necesariamente
sobre la piel, algunas están en las rodillas, otras en la espalda o el corazón.
Otras en la memoria, vivimos rodeados de cicatrices del Edén. No del jardín, sino
de su pérdida.
Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que
vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres y al
polvo volverás». Génesis 3:19 NVI
Quizá Nico tenía razón en una cosa, hay algo en nosotros que
no funciona como debería, pero no porque Dios diseñara mal la creación, sino
porque la creación fue herida. Por esa razón cada músculo que sana, cada hueso
que consolida, cada herida que cierra, cada hígado que se regenera, cada
cicatriz que queda atrás. Son pequeños recordatorios de una verdad mayor.
Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea
como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las
cosas. Filipenses 3:21 NVI
El hígado no es la evidencia de un diseño imperfecto, lo es
de que todavía quedan rastros del diseño original. Aún llevamos dentro de
nosotros evidencias contradictorias, señales de grandeza y señales de ruina.
Huellas del Edén y cicatrices de la Caída. ¿Por qué anhelamos tanto la
restauración? Porque fuimos creados para ella. Aun así, en medio de un mundo
herido, Dios ha dejado anticipos de restauración. Pequeños fragmentos de lo que
un día será completo.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos
también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en
ustedes. Romanos 8:11 NVI
Hoy vemos regeneración parcial, sanidad progresiva,
recuperación limitada… pero un día veremos regeneración total. Un cuerpo que no
se desgasta, no se rompe y no se corrompe. La restauración completa de lo que
fue herido.
ORACIÓN:
Señor, gracias porque no somos un accidente ni una obra
defectuosa, sino una creación que ha sido herida, pero no olvidada por Ti. Gracias
porque aun en medio del deterioro, has dejado señales de restauración en
nuestro cuerpo, en nuestra mente y en nuestra historia. Reconocemos que vivimos
entre cicatrices del Edén, pero también entre ecos de Tu promesa de redención. Sostén
nuestra esperanza cuando el cuerpo se debilita y cuando la vida nos recuerda
que no fuimos hechos para la muerte. Y
mientras esperamos la restauración final, ayúdanos a confiar en Tu obra
perfecta, la que transforma lo que fue quebrado en gloria futura. Amén.
Lily & Ray
https://www.youtube.com/watch?v=wOgO7AelScg&list=RDwOgO7AelScg&start_radio=1

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