La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen. Salmos 24:1 NTV
Parado en la
puerta de la capilla mientras se hace el homenaje póstumo al “ser querido”,
como le llama quien conduce la ceremonia, tengo una panorámica peculiar, pues
puedo observar a los asistentes y dolientes, los diferentes matices que cada
actitud tiene. ¿Y cómo saber qué postura tener? No creo que haya un protocolo o
experiencia necesaria que dé autoridad para dictar la regla.
Creo que es una
de las situaciones en las que más me ha tocado acompañar a personas, y en
múltiples ocasiones se me ha pedido o asignado dar palabras: un mensaje de
consuelo, un discurso póstumo, algo que consuele, que traiga esperanza o
confirme la que ya tienen los dolientes. Esta vez no sé qué decir. Pasan cosas
por mi mente y me encuentro en ese punto donde vienen mensajes prefabricados
solo para llenar el momento, por lo cual postergo mi participación hasta el
momento final, ya en el camposanto.
De pronto, sin
previo aviso, llega la pregunta. Me quedo absorto y sigo meditando mientras
escucho la banda sonora de suspiros y lamentos que le hacen coro a las
intervenciones de amigos y familiares que desfilan frente a la muchedumbre para
expresar, en medio del quebrantamiento, palabras que den honor a la finada.
La breve
intervención del ahora viudo está cargada de verdad, y esta frase lo encierra
todo: “Me la prestó por estos años”, dijo, mientras soltaba el micrófono, casi
golpeándolo contra la mesa. Y es verdad: amamos, pero no poseemos… hijos,
esposa, ministerio, alumnos, sueños no nos pertenecen. Nos fueron confiados.
Soltar comienza cuando dejamos de decir: “Es mío” y empezamos a decir: “Me lo
prestaste”.
Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y
desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el
nombre del Señor !». Job 1:21 NVI
Vienen a mi memoria los desprendimientos que me han causado
dolor: el de mi padre —diría que el menos doloroso por su edad avanzada y lo
previsible que era su deceso—; el de mi hermano Jaime, de 18 años, muerto en un
accidente vial. Este sí nos tomó por sorpresa, y aún tengo presentes los
momentos de espera en el Inacif. También mi sobrino mayor, muy cercano a mi
hija; tantos momentos y recuerdos juntos. Y qué decir del desprendimiento de mi
hija menor, que aunque aún vive, han sido muchos años separados físicamente.
¿Cómo los solté?
Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para
el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para
ellos. Romanos 8:28 NTV
Amar no es controlar. Muchos personajes bíblicos
experimentaron este proceso. Abraham entrega a Isaac, a quien ama
profundamente. Job no niega el dolor de sus pérdidas, pero reconoce la
autoridad de Dios. Porque soltar es un acto de adoración en medio del dolor. No
es frialdad; es fe madura y rendición de soberanía.
Aún me mojo los labios y balbuceo para mis adentros las
palabras que diré. Mis teloneros son un conjunto de mariachis contratados por
familiares. No me están ayudando mucho, pues todas sus canciones apuntan a un
último adiós, a un final sin retorno. Huelen a tristeza y dolor, a desesperanza
y resentimiento; huelen a muerte.
Pues fui yo, el Señor tu Dios, quien te rescató de la
tierra de Egipto. Abre bien tu boca, y la llenaré de cosas buenas. Salmos 81:10
NTV
Con el último “tan, tan” de los mariachis me presentan. Con
voz temblorosa y quebrada comienzo preguntando: —¿Cómo soltamos lo que amamos? —
Ayudado de unas notas rápidas que hice, me armo de valor comenzando a dar un
poco de contexto. Me dejo llevar por el Espíritu de Dios para tratar de
contestar la incógnita. Abrí mi boca y fue llenada de tanta verdad, sabida y
vivida.
No hay un amor más grande que el dar la vida por los
amigos. Juan 15:13 NTV
Saber que no eran nuestros y comprender que hay alguien que
los ama mucho más de lo que nosotros podríamos imaginar nos ayuda a atravesar
este valle de sombra de muerte, mientras nos dejamos acompañar por Él. No niega
el valle ni espiritualiza el dolor minimizando la muerte. Pues el valle existe,
la sombra pesa y la ausencia duele. Pasarlo sin temor, no porque sea fuerte, o
lo entienda todo, o me lo expliquen. El Salmo 23 dice: “No temeré mal alguno,
porque Tú estarás conmigo.” Es su presencia lo que nos quita el temor.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan
3:16 NVI
El Padre no entregó a Jesús por indiferencia; lo hizo por un
amor mayor. En mis tiempos de ignorancia le debatí este punto, cuando le
increpaba acerca del dolor que me causaba separarme de mi —por aquel entonces—
pequeña hija. Y su respuesta me dejó impávido: “Yo arriesgué todo al enviar a
Jesús. Toda la creación, tal cual la conoces, no sería si Él hubiera fallado.
Tú me tienes a mí y la garantía de haber vencido la muerte”.
Soltar no es dejar de amar, ni resignación fatalista; no es
desconexión emocional. Es decir: “Lo pongo en tus manos porque lo amo y confío
en ti y en tu gran amor demostrado. Finalmente, todo es tuyo”. Finalmente, Dios
nunca nos pedirá hacer algo que no podamos hacer y que no nos haya mostrado
antes cómo hacerlo.
Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera
algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó
la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció
en forma de hombre se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una
cruz como morían los criminales. Filipenses 2:6-7 NTV
ORACIÓN:
Señor, hoy reconocemos que todo lo que amamos viene de tus
manos. Gracias por cada vida, cada momento y cada historia que nos permitiste
compartir. En medio del dolor y de la ausencia, enséñanos a confiar en tu
soberanía, aun cuando nuestro corazón no entiende del todo tus caminos. Danos
la gracia para soltar lo que amamos sin dejar de amar, recordando que nunca fue
nuestro, sino un regalo tuyo por un tiempo. Acompáñanos en este valle de
sombra, sostén nuestra fe cuando el dolor pesa y recuérdanos que tu presencia
nunca nos abandona. Hoy ponemos en tus manos lo que tanto amamos, confiando en
que tu amor es más grande que el nuestro y que en ti la vida nunca termina.
Amén.
Lily &
Ray
https://www.youtube.com/watch?v=cKuKkl2MWLc&list=RDcKuKkl2MWLc&start_radio=1

No hay comentarios:
Publicar un comentario